En 1 Samuel 30:1-6 vemos a David enfrentando una profunda crisis: su ciudad fue destruida, su familia llevada cautiva y su propio pueblo quiso apedrearlo. Sin fuerzas humanas ni apoyo visible, David tomó una decisión que marcó la diferencia: “Mas David se fortaleció en Jehová su Dios”.

Este pasaje nos recuerda que la verdadera fortaleza no nace de nuestras capacidades, sino de una relación viva con Dios. Así como enseña Efesios 3:14-16, somos fortalecidos en el hombre interior por el Espíritu Santo cuando nos rendimos en oración, reconocemos nuestra identidad como hijos y clamamos a Dios como Abba, Padre.

Aunque las circunstancias desgasten el cuerpo y el ánimo, en Cristo podemos ser renovados interiormente. Dios no es ajeno al dolor ni a la batalla, pero en medio de la prueba nos llama a no desanimarnos, sino a confiar en Su propósito eterno. Hoy, como David, somos invitados a fortalecernos en el Señor, quien sostiene a los suyos y nunca abandona a los que le buscan con un corazón sincero.