Dios creó todo con orden y bendición. Cuando vivimos conforme a Su voluntad, encontramos descanso, dirección y propósito. El problema no es Dios, sino cuando nos alejamos de Su plan y ponemos nuestra propia voluntad por delante de la Suya. La fe no consiste en cumplir por costumbre, sino en deleitarnos en Dios y vivir cada día buscando Su presencia.
La iglesia no es un edificio ni un día concreto: somos nosotros. Por eso, seguir a Cristo implica examinar nuestro corazón, apartar tiempo para Él y vivir como si hoy mismo fuera el día de Su regreso. Nada fuera de Dios puede llenar nuestra vida de manera completa.
Cuando aprendemos a ver las cosas como Dios las ve, descubrimos que lo imposible se vuelve alcanzable y que en Él siempre hay esperanza, restauración y vida verdadera.