Jesús dormía en la barca mientras la tormenta azotaba el mar. Su descanso no era indiferencia, sino confianza absoluta en el Padre. Los discípulos, aunque caminaban con Él, fueron dominados por el temor. Entonces Jesús les hace una pregunta que también resuena hoy en nuestras vidas:
“¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”

La poca fe se manifiesta cuando el miedo gobierna nuestro corazón. Los discípulos eran seguidores de Jesús, pero aún no comprendían plenamente quién estaba con ellos en la barca. Conocían algo de Él, pero no todo. Su fe necesitaba crecer.

Dios honra la fe y corrige la poca fe porque desea que aprendamos a confiar en que Él tiene el control de todo. Por eso nos invita a echar toda ansiedad sobre Él, sabiendo que cuida de nosotros.

Al final del pasaje surge una pregunta poderosa:
“¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”
La respuesta a esa pregunta es clave para el crecimiento espiritual. Conocer verdaderamente quién es Jesús fortalece nuestra fe.

Hoy no caminamos con Jesús físicamente, pero tenemos su Palabra, donde Él se revela tal como es. Al creerla y aplicarla a nuestra vida diaria, nuestra fe crece y el temor pierde lugar. Jesús sigue vivo, con todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra.

En medio de cada dificultad, recordemos quién está en nuestra barca. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.