El niño crecía

La prédica nos recuerda que, así como Jesús crecía, también nosotros estamos llamados a crecer espiritualmente. Ese crecimiento comienza con un nuevo nacimiento en el corazón, donde debemos aprender a ser como niños: humildes, dependientes y sensibles a Dios.

Un verdadero cristiano reconoce que lo aprendido humanamente no es suficiente para la vida eterna, por eso es indispensable buscar la sabiduría de Dios, que nos prepara no solo para vivir en la tierra, sino para el cielo.

Jesús crecía en nosotros
La pregunta central es:
¿Está Dios creciendo en mi vida?
Es necesario examinar si hay evidencia de ese crecimiento espiritual. Un cristiano debe dar fruto visible, porque el principio del Reino es claro:

«Dios debe crecer en mí y yo menguar.”

Se fortalecía

Muchas veces nos abatimos sin razón, olvidando que Dios está con nosotros. Nos quejamos como si las dificultades fueran eternas, pero la Palabra nos recuerda que las cosas de la tierra son pasajeras, mientras que las de Dios son eternas.
Él nos fortalece en medio de todo, pero debemos estar atentos para no permitir que Jesús se aleje de nuestra vida.

Sabemos que Jesús está cerca cuando hay inquietud espiritual, deseos de servir, y un anhelo constante por Su presencia. Debe existir en nosotros una desesperación santa por no estar lejos de Él.

Crecía en sabiduría

La sabiduría de Dios es necesaria:
• Para responder al enemigo
• Para relacionarnos con las personas
• Para entender los planes de Dios
• Para enfrentar situaciones diarias y tomar decisiones correctas

La gracia de Dios estaba sobre Él

La meta final del creyente es vivir de tal manera que la gracia de Dios esté sobre nosotros, guiando cada área de nuestra vida.