PRÉDICA DOMINGO 1 DE MARZO DE 2026.

En Génesis 1:1-2 podemos ver como Dios es el que trae orden donde había desorden. Desde el principio entendemos que la creación no es producto del caos, sino de un diseño perfecto. El universo funciona porque obedece las leyes que Él estableció; si los astros se salieran de ese marco, todo colapsaría.

Con nosotros sucede algo distinto: Dios nos dio mandamientos, pero también nos dio libertad (libre albedrío). Podemos obedecer o no. Y cuando elegimos desobedecer, el caos no tarda en manifestarse. El pecado es resultado de ese caos y nunca es privado; es como pisar un charco: no solo nos ensucia a nosotros, también salpica a quienes nos rodean.

Además, solemos confundir nuestro tiempo —el que medimos en horas y fechas— con el kairos de Dios, que es perfecto y trasciende nuestra lógica. Queremos que Él actúe según nuestros tiempos, cuando en realidad somos nosotros quienes debemos alinearnos al suyo.

Por eso vino Jesús: para restaurar el canal de comunicación que el pecado había deteriorado. No se trata solo de cumplir, sino de volver a ese contacto vivo con Dios. Como iglesia, necesitamos discernir su tiempo y caminar conforme a Él. Cuando recuperamos esa comunión y aprendemos a confiar en su tiempo (kairos), el orden reemplaza el caos y caminamos conforme a su perfecta voluntad.

Como congregación, ¿Qué planes tenemos como iglesia? ¿De qué es tiempo ahora? ¿Hacía donde nos estamos dirigiendo?