En Isaías 16:5 entendemos que Dios desea establecer su trono en nuestras vidas, es decir, reinar con autoridad en nuestro corazón. Ese Rey prometido, descendiente de David, es Jesús, y hoy comprendemos que la casa de Dios somos nosotros. Él quiere ocupar el primer lugar y ser la cabeza de todo, como nos recuerda Colosenses 1:15-18.

Su trono se fundamenta en misericordia y justicia. Dios tuvo compasión de nosotros cuando estábamos perdidos y nos ofreció su gracia, pero también nos llama a vivir conforme a Su justicia, no a la nuestra. En Jesús está la verdad, y solo Él puede enseñarnos a vivir de acuerdo con ella.

Por medio de la cruz, donde se unieron la misericordia y la justicia de Dios, somos hechos nueva creación. Ahora nos corresponde edificar el Reino de Dios viviendo esa misma misericordia y justicia con los demás, reflejando el reinado de Cristo en nuestra vida diaria.