PREDICA 16 DE AGOSTO 2026

En el último día de la fiesta de los Tabernáculos, Jesús hizo una invitación directa: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Esta palabra nos recuerda que existe una sed mucho más profunda que la física: la sed espiritual que hay en el corazón del ser humano.

A lo largo de nuestra vida intentamos satisfacer esa sed con muchas cosas que el mundo ofrece, pero ninguna de ellas puede llenar completamente el vacío interior. Solo Jesús puede saciar esa necesidad y darnos verdadera vida.

La Biblia nos muestra cómo Dios proveyó agua para su pueblo en el desierto (Éxodo 17:1-7) y cómo también invita a todos los que tienen sed a acercarse y beber gratuitamente (Isaías 55:1). La respuesta a esta invitación es acercarnos a Jesús y creer en Él, porque quien tiene al Hijo tiene la vida (1 Juan 5:12).

Jesús nos enseña que, cuando creemos en Él, de nuestro interior brotan ríos de agua viva. Esta agua representa al Espíritu Santo, que viene a morar en nosotros y cuya presencia transforma nuestra vida.

La reflexión nos anima a no intentar apagar nuestra sed espiritual con las cosas de este mundo, sino a permitir que el Espíritu Santo tenga lugar en nosotros. Porque donde llega el agua, allí comienza a brotar vida.