2 REYES 4:1-7
El relato de la viuda nos enseña que el clamor nace de una necesidad profunda y nos lleva a buscar a Dios con pasión y confianza. Muchas veces despreciamos lo poco que tenemos o pensamos que no somos capaces, pero Dios puede utilizar y multiplicar aquello que ponemos a su servicio.
La clave está en obedecer y actuar. Cuando Dios habla, debemos poner en práctica lo que nos pide, sin dejarnos paralizar por nuestras limitaciones. La intimidad con Dios debe ir acompañada de esfuerzo, obediencia y trabajo conjunto, tanto en nuestra familia como en la iglesia.
La mujer siguió buscando vasijas y, mientras hubo vasijas, el aceite continuó multiplicándose. Esto nos recuerda que no debemos dejar de buscar a Dios ni de invertir nuestro tiempo, amor y esfuerzo en Él. Dios no tiene límites; muchas veces somos nosotros quienes ponemos los límites.
Cuando ponemos a Dios en primer lugar y dejamos que Él ordene nuestra vida, aparecen nuevas oportunidades y recursos que no veíamos antes. La pregunta es: ¿has dejado de buscar a Dios?
Busca, obedece, actúa y permite que Dios sea quien dirija tu vida.

