Cuando llegan los momentos difíciles, también nosotros podemos experimentar dudas y preguntarnos dónde está Dios. En los Evangelios vemos que Jesús respondía a quienes le buscaban no solo con palabras, sino con hechos: sanaba, restauraba y mostraba el amor de Dios.
Hoy seguimos encontrándonos con personas que sufren y necesitan esperanza, incluso nosotros mismos pasamos por dificultades. Por eso, estamos llamados a vivir una fe que no se quede en palabras, sino que se refleje en nuestra manera de vivir y en cómo acompañamos a quienes más lo necesitan.
Para ello, necesitamos conocer cada día más a Dios y confiar en Él. Como nos recuerda Daniel 11:32, quienes conocen a su Dios se esfuerzan y actúan. Por eso, pidámosle que fortalezca nuestra fe, aparte nuestras dudas y nos ayude a caminar con confianza.
Jesús nos encomendó anunciar el Evangelio y llevar su amor a todos. Nuestra misión es proclamar su mensaje, pero también hacerlo visible con nuestra vida, nuestra compasión y nuestro servicio (testimonio).
Queremos, por tanto, crecer en santidad, profundizar en la Palabra, buscar al Señor en oración y dejarnos llenar por su Espíritu Santo. Queremos que nuestra fe se haga vida y que, a través de nosotros, otros puedan descubrir el amor y la esperanza que encontramos en Jesús.
Porque el Evangelio no es solo algo que creemos: es una vida que estamos llamados a vivir y compartir.

