PREDICA 10 DE MAYO 2026

El versículo central de este mensaje se encuentra en Marcos 15:29-39, donde vemos a Jesús permaneciendo firme en la cruz hasta el final, aun cuando las personas le insultaban y le decían que se salvara a sí mismo bajando de ella. Pero Jesús no cedió, porque entendía que por encima de las palabras de los hombres estaba el propósito de Dios.
Jesús sabía que su lucha no era contra carne y sangre, sino espiritual. Detrás de todo ataque, de toda burla y de toda tentación para abandonar la cruz, estaba Satanás intentando apartarlo de la voluntad del Padre. Por eso Efesios 6:10-13 nos recuerda que debemos fortalecernos en el Señor y permanecer firmes después de haber acabado todo.
Hoy también nosotros vivimos luchas donde el enemigo quiere que abandonemos el propósito de Dios. Muchas veces vendrán pensamientos, dificultades o incluso personas que nos empujen a “bajarnos de la cruz”, buscando nuestro propio beneficio, comodidad o salida fácil. Pero el llamado de Dios es permanecer firmes en los días malos.
Para vencer esta batalla no podemos poner nuestra mirada en las cosas de los hombres, sino en las cosas de Dios. En Marcos 8:31-33 vemos cómo Pedro quiso evitar que Jesús pasara por el sufrimiento, pensando humanamente, pero Jesús mostró que debemos aprender a mirar las situaciones desde la perspectiva de Dios y no desde nuestros sentimientos o intereses personales.
Por eso necesitamos negarnos a nosotros mismos y mantenernos firmes donde Dios nos haya puesto. Igual que Jesús permaneció firme en la cruz, nosotros también debemos permanecer firmes en la voluntad de Dios hasta el final, aunque haya debilidad, lucha o sufrimiento.
No se trata de salvarnos a nosotros mismos, sino de obedecer el plan de Dios y perseverar hasta completar la obra que Él nos ha encomendado. Jesús nos enseñó que no es nuestra fuerza humana la que traerá la victoria, sino el poder de Dios manifestándose en medio de nuestra debilidad. Como enseña I Corintios 2:1-5, la gloria debe ser para Dios y no para nosotros.
Cuando entendemos esto, podemos vivir la verdad de que cuanto más débiles somos en nosotros mismos, más fuertes somos en Dios.
Y así como Jesús, al entregar su vida, hizo que el velo del templo se rasgara y abriera el camino hacia la presencia de Dios, también nosotros veremos la recompensa de permanecer firmes: Dios abrirá caminos donde no los hay, romperá cadenas, abrirá puertas y manifestará su poder y sus milagros en nuestras vidas.