LUCAS 20:9-18
En la parábola de los labradores malvados, Jesús nos muestra el amor y la paciencia de Dios. La viña representa al pueblo de Dios, y los siervos enviados son los profetas que anunciaron Su voluntad. Finalmente, el Padre envió a Su Hijo amado, Jesucristo, esperando que le recibieran con respeto; sin embargo, fue rechazado y llevado a la muerte.
Esta parábola no solo habla de los líderes religiosos de aquel tiempo, sino que también nos confronta hoy. Muchas veces queremos ser los dueños de nuestra propia vida y no darle a Jesús el lugar que le corresponde como Señor.
La Escritura declara que Jesús es la piedra desechada por los edificadores, pero escogida por Dios para ser la cabeza del ángulo. Como dijo Pedro en Hechos 4:11-12:
“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación”.
Jesús es el único Salvador. Él es quien sostiene todo el edificio espiritual y quien une a Su pueblo. Quien rechaza Su palabra tropieza con la piedra; pero quien se rinde a Él encuentra salvación, restauración y una nueva vida.
Hoy la pregunta es personal: ¿Qué vamos a hacer nosotros con Jesús? ¿Cómo respondemos a la voz del Espíritu Santo? ¿Tenemos temor de Dios y obedecemos Su palabra?
Dios sigue llamando a cada corazón. Permitamos que Jesús quite la dureza de nuestro corazón y nos transforme. Unidos a Él y unidos unos a otros, podremos dar el fruto que Dios espera de nuestra vida.

