PRÉDICA DOMINGO 14 JUNIO

Desde el principio, el ser humano ha intentado seguir sus propios caminos y convertirse en su propio dios. Sin embargo, Dios ya ha trazado una senda para nosotros, una senda que permanece inmutable a lo largo de los tiempos y que siempre apunta a Jesucristo.

El intérprete de la ley conocía la teoría, pero Jesús le mostró que no basta con conocer la Palabra; es necesario vivirla. El problema del ser humano es que intenta justificarse a sí mismo, pero nadie puede cumplir perfectamente la ley de Dios. Por eso, Dios envió a Su Hijo. Jesucristo no solo conoció la ley, sino que la cumplió perfectamente, murió por nuestros pecados y nos dio una nueva naturaleza para vivir conforme a Su voluntad.

A través de la parábola del Buen Samaritano, Jesús enseña que el verdadero amor no es solo un sentimiento o una emoción, sino una acción. El samaritano fue movido por la compasión y actuó en favor de quien estaba necesitado, entregando de lo suyo para ayudar a otro.

Este mensaje también nos invita a acercarnos a Dios con la humildad de un niño, reconociendo nuestra necesidad de aprender y obedecer. No se trata de creernos sabios en nuestra propia opinión, sino de permitir que la Palabra transforme nuestra vida.

La enseñanza central de este pasaje es clara: necesitamos conocer las Escrituras, pero también ponerlas en práctica. El amor a Dios y al prójimo se demuestra mediante una vida de obediencia, servicio y compasión, siguiendo el ejemplo perfecto de Jesucristo.