LUCAS 22:45-46.
Jesús nos enseñó a poner la voluntad de Dios por encima de la nuestra. Como hijos de Dios, estamos llamados a buscar sus propósitos y a vivir pensando también en los demás.
La vida de Pedro nos deja enseñanzas muy prácticas:
1. No confiar en uno mismo.
Pedro creyó que no fallaría. Nosotros también debemos evitar justificarnos y depender más de Dios que de nuestras propias fuerzas.
2. No dormirnos espiritualmente.
Cuando dejamos de velar, orar y estar atentos a Dios, nos debilitamos. El mundo necesita que la Iglesia permanezca despierta y sea luz.
3. No reaccionar según la carne.
Pedro actuó impulsivamente al defender a Jesús. Necesitamos permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro carácter y nos dé dominio propio.
4. No seguir a Jesús de lejos.
La falta de oración, lectura bíblica, obediencia y servicio nos aleja de Dios. No basta con asistir a la iglesia; necesitamos intimidad con Él.
5. Ser luz donde estemos.
Nuestra fe debe notarse en nuestra manera de vivir. Estamos llamados a marcar la diferencia sin apartarnos de las personas que aún no conocen a Dios.
6. No esconder nuestra fe.
Pedro negó a Jesús por miedo. Nuestra vida debe reflejar que pertenecemos a Cristo y que buscamos primero su Reino y su justicia.
La historia de Pedro nos recuerda que todos podemos fallar, pero también que Dios transforma a quienes se acercan a Él. La clave está en buscar primero el Reino de Dios, permanecer despiertos espiritualmente y vivir cada día diciendo: “Señor, hágase tu voluntad y no la mía”.

