1 REYES 18:17-21
En tiempos del profeta Elías, el reino de Israel estaba dividido y llevaba tres años sin lluvia. El pueblo se había apartado de Dios y había puesto su confianza en los ídolos, olvidando que solo Dios tiene todo el poder y la autoridad.
Este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida. Muchas veces tendemos a culpar a otros por nuestras dificultades, como hicieron Adán y Eva en el Edén. Sin embargo, la Palabra de Dios nos anima a examinarnos a nosotros mismos y preguntarnos si estamos caminando en obediencia al Señor o si nos hemos alejado de Él.
Apartarse de Dios, ignorar Su Palabra y tratar de servir a dos señores es algo serio. La indecisión espiritual nos mantiene estancados y nos aleja del propósito de Dios. Elías confrontó tanto al rey como al pueblo con una pregunta que sigue siendo relevante hoy: ¿hasta cuándo estaremos indecisos entre seguir a Dios o seguir al mundo?
Por eso, es importante preguntarnos: ¿De qué mesa estamos comiendo? ¿De dónde estamos recibiendo nuestra enseñanza? Nuestro pensamiento debe estar centrado en Cristo y en lo que Dios dice a través de Su Palabra.
Aunque los tiempos cambien, una verdad permanece: Dios sigue siendo Dios hoy, soberano, poderoso y digno de toda nuestra confianza y obediencia.

